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jueves, 2 de julio de 2009

Cien piedras rodando.



Los dictadores de todo tipo odian los blogs. Porque ellos saben que la cadena de causas y efectos es impredecible. La más pequeña piedrecita puede desencadenar una avalancha que arrolle todo. Las más grandes avalanchas siempre comenzaron con una piedrecita. Insisto, no conozco una avalancha que no comenzara con una sola piedra. Las avalanchas nunca comienzan con cien piedras a la vez rodando. Basta una sola.

Cuando la avalancha comienza puede caer una dictador bananero, el muro de Berlín o un imperio construido durante generaciones de esforzados patricios.

Sucesión de causas y efectos, ése es el mecanismo.

Los dictadores siempre han temido ese mecanismo. Si pudieran detendrían cualquier causa y cualquier efecto, pues todo tirano desea el estatismo, la petrificación del momento actual. Si nada pudiera cambiar, suspira desde la soledad acompañada de su palacio presidencial. Pero el tiempo es el gran enemigo. El tiempo siempre conspira a favor de la libertad que anhelan los hombres. Alguno, por gusto, hubiera mandado detener al tiempo. Pero ni metiendo en prisión a todos los relojes se detiene. Puedes torturar a todos los carillones del reino o del Reich o de la república, pero los días siguen su curso hasta llegar a la hora determinada.

TRADUCCIÓN

Hundred stones rolling.


The all kinds dictators hate the blogs. Because they know that the chain of causes and effects is unpredictable. More kidling piedrecita can unleash an avalanche that winds everything. The biggest avalanches always began with a little stone. I insist, do not know an avalanche that did not begin with only one stone. The avalanches never begin with hundred stones simultaneously rolling. It is enough only one.

When the avalanche begins a banana dictator can fall down, the wall of Berlin or an empire constructed during generations of strengthened patrician.

Causes and effects succession, this is the mechanism.

The dictators have always been afraid of this mechanism. If they could they would stop any cause and any effect, since every tyrant wishes the statism, the petrifaction of the current moment. If nothing could change, it sighs from the solitude accompanied by his presidential palace. But the time is the big enemy. The time he always conspires in favor of the freedom for that the men long. Someone, for taste, had ordered to stop to the time. But not even putting in prison to all the clocks it stops. You can torture to all the carillons of the kingdom or of the Reich or of the republic, but the days continue his course up to coming at the certain hour.

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