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lunes, 15 de junio de 2009

Y Masiá cogió el fusil


Texto original por el padre Fortea
Que conste que no lo hago por animar el cotarro. Quiero dejar claro que si voy a criticar las palabras del jesuita Juan Masiá, no es por crear ese tipo de polémicas que tanto les gustan a los lectores, no.

Pero es que cuando ayer leí que el padre Masiá escribía:

Si Malaquías levantara la cabeza, invitado a ver desde un balcón con colgaduras de la enseña nacional el paso de la lujosa custodia en la procesión del Corpus, diría: No acepto la ofrenda de vuestras manos.

Cuando leí aquello, lo leí con afecto, con cariño. En los años 70 sus palabras hubieran sonado a grito de guerra, a peligrosa lista luterana clavada en la puerta de Wittenberg.

Pero ahora, al escuchar esas cosas, uno sonríe como quien encuentra un bonito fósil, un encantador trilobite teológico.

Es evidente que al estar en Japón no le han llegado las noticias de que ahora hay más posibilidades de que vuelvan las capas magnas que no de que quiten la procesión de la custodia del Corpus en Toledo.

Todos, hasta Leonardo Boff, han entendido que la búsqueda de la pureza evangélica no está reñida con la belleza, la pompa, la gran liturgia.

Masiá predicaba la libertad. Pero según él, la libertad bien entendida es la libertad litúrgica para hacer las cosas de una sola manera. Y por eso, cuando algunos quieren honrar a Dios de otra manera, él sale agitando la Biblia con lo de Malaquías. Si Malaquías viviera, le diría a Masiá a mí no me metas en esto.

Masiá afirma incluso que Jesús el día del Corpus hubiera dicho que no aceptaba esa ofrenda hecha con amor y sencillez, la sencillez del pueblo, sea dicho de paso. Jesús, si hubiera hablado algo sobre el tema, hubiera dicho: Masiá, Masiá, te estás pasando un poquito de la raya.

Yo, cada año, visito varias diócesis o prelaturas de misión. Hablo con el clero, con el pueblo sencillo, con los grupos de oración, con obispos jóvenes. Y la cosa ésa de que la bondad está en la mesa de madera en un cobertizo, y el fariseísmo está en las grandes liturgias, eso está ya más pasado que la frase: Luke, yo soy tu padre.

TRADUCCIÓN

And Masiá took the rifle
That it is known that I do not do it for cheering the copot up. I want to make clear that if I am going to criticize the words of the Jesuit Juan Masiá, is not for creating this type of polemics that so much the readership likes, no.

But the fact is that when yesterday I read that the father Masiá was writing:

If Malaquías should raise the head, invited to see from a balcony with hangings of the national ensign the step of the luxurious care in the procession of the Corpus Christi, he would say: I do not accept the gift of your hands.

When I read that one, I read it with affection, tenderly. In the 70s his words had dreamed to war-cry, to dangerous Lutheran list fixed in the door of Wittenberg.

But now, on having listened to these things, one smiles like the one who finds a nice fossil, a magician trilobite theologically.

It is clear that, on having been in Japan, there has not come to him the news of which now there are any more possibilities that the great layers turn that not of that they remove the procession of the care of the Corpus Christi in Toledo.

They all, up to Leonardo Boff, have understood that the search of the evangelical purity is not scolded by the beauty, the pomp, the big liturgy.

Masiá was preaching the freedom. But according to him, the well understood freedom is the liturgical freedom to do the things of ingenious only one. And that's why, when some of them want to honor God otherwise, he goes out waving the Bible with that thing about Malaquías. If Malaquías should live, he would say to Masiá that you should not put me in this.

Masiá affirms even that Jesus the day of the Corpus Christi should say that he was not accepting this gift done with love and simplicity, the simplicity of the people, it is said about step. Jesus, if he should speak something on the topic, would have said: Masiá, Masiá, you are passing a bit of the streak.

I, every year, visit several dioceses or mission prelatures. I speak with the clergy, with the simple people, with the groups of prayer, with young bishops. And the thing that one of which the kindness is in the wooden table in a shed, and the Phariseeism is in the big liturgies, that is already more past than the phrase: Luke, I am your father.

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