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miércoles, 17 de junio de 2009

Mi querida parroquia de Barbastro o el placer de la nostalgia



Es curioso, ayer me di cuenta de que según uno entiende la misa, así entiende a la Iglesia.

La misa es el fundamento, sustento y compendio de la fe. Si hay una frase que me fascina, es Ecclesia de Eucharistia. Es una frase de tres palabras sobre la que se puede meditar durante media hora. En cierto modo, llevamos meditando sobre ella dos mil años.

Podría alguien pensar que cuanto más tradicionalismo pongamos a la misa, cuanto más llevemos las cosas al extremo, cuanto más exacerbemos los aspectos teológicos de la liturgia, mejor. Pero no es así.

La celebración de la eucaristía, por voluntad de su fundador, se mueve en una línea intermedia en la que caben miles de matices, miles de sensibilidades, miles de espiritualidades.

En cierto modo, todo cabe en la misa. Pero exacerbar las cosas, llevarlas al extremo, pensando que así estamos más en la ortodoxia, es un error. Nadie está más en la ortodoxia que otro. O se está en la ortodoxia, o no se está. Pero los que están dentro de ella, piensen como piensen, están dentro. Un párroco no puede mostrarme a dos fieles, y decir: éste es más católico que éste.

La reacción contra la heterodoxia nos puede llevar a conceder grados de pertenencia dentro de la Iglesia. Es una reacción inadecuada.

Ni por usar cantidades monumentales de incienso, la misa es más solemne. Ni por blandir el Denzinger como una espada a diestro y siniestro, se es más ortodoxo. Una de las cosas por las que doy gracias a Dios de mi encantadora parroquia en Huesca en la que crecí, es que la fe y la liturgia y la vida comunitaria se vivían pacíficamente, nada se problematizaba.

TRADUCCIÓN


My dear parish of Barbastro or the pleasure of the nostalgia


It is curious, yesterday I realized that according to one it understands the mass, this way it understands to the Church.

The mass is the foundation, sustenance and compendium of the faith. If there is a phrase that fascinates me, it is Ecclesia de Eucharistia. It is a phrase of three words on which it is possible to ponder during half an hour. In certain way, we go pondering on her two thousand years.

Someone might think that we should put all the more traditionalism to the mass, the more we should take the things to the end, the the more we should irritate the theological aspects of the liturgy, the better. But it is not like that.

The celebration of the Eucharist, for will of his founder, moves in an intermediate line in which there fit thousands of tones, thousands of sensibilities, thousands of espiritualidades.

In certain way, every header in the mass. But to irritate the things, to take them to the end, thinking that this way we are more in the orthodoxy, it is an error. Nobody is any more in the orthodoxy that other. Or one is in the orthodoxy, or one is not. But those who are inside her, think as think, they are inside. A parish priest me cannot show to two faithful, and say: this one is more catholic than this one.

The reaction against the heterodoxy can lead us to granting belonging grades inside the Church. It is an inadequate reaction.

For using monumental incense quantities, the mass is more solemn. For brandishing the Denzinger as a sword to matador and catastrophe, one is more orthodox. One of the things for which I thank God of my charming parish in Huesca in which I grew, is that the faith and the liturgy and the community life were lived pacifically, not at all problematizaba.

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