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domingo, 28 de junio de 2009

El monstruo de las galletas



Creo que al llegar a los cuarenta años, los seres humanos tendemos a engordar para que así aprendamos a moderar nuestros apetitos. Es como si la naturaleza nos dijera que es hora de hacer penitencia. Hay que tomarse las cosas con sentido del humor y luchar.

La lucha por perder peso es una lucha en la que nadie sale herido. Puedes luchar y no odiar a nadie. Yo he luchado, me he esforzado. Gracias al blog, anglicanos y católicos se han unido en la tarea común de animarme en este buen propósito mío de perder esos cinco kilos que me sobraban. (Desgraciadamente, ningún lefevriano me ha animado.) Con los anglicanos no estábamos de acuerdo en muchos temas. Pero en que me sobraban esos cinco kilos sí que estábamos de acuerdo.

Hoy estoy feliz.

He ganado la apuesta. No cinco, sino seis. Seis kilos he perdido en dos meses. Por eso hoy he disfrutado comiéndome una buena comida en el piso 30 del hotel Eurostar en compañía del perdedor.

El perdedor, en la tristeza de su derrota, me ha pedido que al menos dé una imagen buena de él en el blog. Lo siento, le he dicho, sabes que mi blog es inmisericorde.

Lo cierto es que ahora hay seis kilos menos de Fortea. Soy yo, sí, pero menos.

TRADUCCIÓN

The monster of the cookies


I believe that, on having come at the age of forty, the human beings we tend to put on weight so that this way we learn to moderate our appetites. It is as if the nature was saying to us that it is time to do atonement. It is necessary to take the things with sense of humor and to fight.

The struggle for losing weight is a struggle in which injured man salts nobody. You can fight and not hate anybody. I have fought, have strained. Thanks to the blog, Anglican and Catholics have joined in the common task of cheering me up in this good intention of mine of losing these five kilos that were remaining me. (Unfortunately, no lefevriano has cheered me up). with the Anglican ones we were not agreeing in many topics. But in that these five kilos were exceeding me yes that we were agreeing.

Today I am happy.

I have gained the bet. Not five, but six. Six kilos I have lost in two months. That's why today I have enjoyed eating up a good meal in the apartment 30 of the hotel Eurostar in company of the loser.

The loser, in the sadness of his defeat, has asked me at least to give his good image in the blog. I'm sorry I have said to him, you know that my blog is merciless.

The true thing is that now there are six kilos less of Fortea. It is me who is, yes, but less.

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